La convivencia del progenitor custodio con una pareja estable en la vivienda familiar extingue el derecho de uso de la vivienda.

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La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo en sentencia número 641/2018, de 20 de noviembre, se ha pronunciado en relación a la determinación de los efectos que produce la convivencia del progenitor que tiene atribuido el uso de la vivienda familiar junto a los hijos menores, con una nueva pareja, respecto de este derecho de uso, declarando que el citado derecho en tales circunstancias no podrá extenderse más allá del tiempo necesario para liquidar la sociedad de gananciales existente entre ambos progenitores.

La Sala entiende que la vivienda familiar originaria pierde dicha naturaleza en el momento en que una tercera persona entra a convivir con el progenitor-custodio en la misma, de manera estable, al pasar a servir aquélla a una nueva familia distinta y diferente.

Y lo expuesto, mantiene el Alto Tribunal, no contradice la doctrina formulada en la sentencia 221/2011, de 1 de abril, que sienta: <<la atribución del uso de la vivienda familiar a los hijos menores de edad es una manifestación del principio de interés del menor, que no puede ser limitada por el Juez, salvo lo establecido en el artículo 96>>, artículo 96CC que establece que, <<En defecto de acuerdo con los cónyuges aprobado por el Juez, el uso de la vivienda familiar y de los objetos de uso ordinario en ella corresponde a los hijos y al cónyuge en cuya compañía queden. (...)>>; ya que se debe tener en cuenta que existen dos factores que eliminan el rigor de la norma de referencia cuando no existe acuerdo entre los cónyuges, el primero de ellos, el carácter no familiar de la vivienda y el segundo, que el hijo no precise de la vivienda por encontrarse satisfechas las necesidades de habitación a través de otros medios. De este modo acaba concluyendo el Tribunal que el interés prevalente del menor es <<la suma de distintos factores que tienen que ver no solo con las circunstancias personales de sus progenitores y las necesidades afectivas de los hijos tras la ruptura (…) sino con otras circunstancias personales, familiares, materiales, sociales y culturales (…)>> y que dicho interés se consigue <<no solo con el hecho de mantenerlos en el mismo ambiente que proporciona la vivienda familiar, sino también con una respuesta adecuada de sus padres a los problemas económicos que resultan de la separación o del divorcio, para hacer frente tanto a los gastos que comporta una doble ubicación de los progenitores, como a los alimentos presentes y futuros>>.

Por todo ello, la Sala declara que <<el interés de los hijos no puede desvincularse absolutamente del de sus padres, cuando sea posible conciliarlos>> no debilitando, de acuerdo con todo lo expuesto, el citado interés del menor con la decisión adoptada por el Tribunal en la cuestión objeto de controversia.

En definitiva, podemos concluir que la incorporación de manera establece de la nueva pareja del progenitor-custodio a la que fue hasta dicho momento la “vivienda familiar” cambia el estatus de la misma, en tanto acoge ahora a una nueva familia, extinguiéndose, por tanto, el derecho de uso de la vivienda que fue atribuido con la ruptura matrimonial tanto a los hijos menores como a su custodio, en el momento en que se proceda a la liquidación de la sociedad de gananciales de los antiguos cónyuges- progenitores.

 

 

 

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